Lo maravilloso del género humano

02/09/2018

EDITORIAL

 

Cada vez que escribimos un artículo para esta página es porque algo nos ha admirado y porque queremos compartirlo. La reflexión filosófica es maravillosa. Hoy lo decimos y resaltamos porque el adjetivo “maravilloso” ahora se ocupa más para caracterizar la tecnología. Es más fácil escuchar que un niño diga que un videojuego es maravilloso a que lo diga de él mismo. Todo ese conjunto de instrumentos que el mismo ser humano ha creado es digno de admirarse, pero lo realmente maravilloso es el género humano. El único ser, por lo menos en este pequeño sistema autónomo que llamamos solar, capaz de reflexionar.
Pero, para que cada persona desarrolle al máximo su capacidad de pensar y tenga actitud filosófica, necesita educación, una buena educación. Desafortunadamente en nuestro país la “buena educación” no es accesible para las zonas con alto índice de pobreza. Aquí en México, pobreza es sinónimo de ignorancia. Esto nos admira y nos preocupa. Ojalá y algún día podamos decir que el sistema educativo de México es maravilloso, que combata la pobreza más perjudicial y que sea un escenario para el desarrollo humano.

 

Sobre el filosofar

RAMÓN LÓPEZ GONZÁLEZ

 

Aristóteles en su texto de la Metafísica (Libro A 982b 15-20; 983ª 15-20) afirma que el inicio de la filosofía consiste en maravillarse ante lo que inicialmente causa extrañeza, o nos provoca perplejidad. Y es que el filósofo como cualquier persona muestra una actitud natural ante las cosas (mundo, hombre, vida), pero es el asombro lo que despierta en él, la duda o interrogación. Ahora bien, afirma nuestro filósofo Estagirita, “el que se siente perplejo y maravillado reconoce que no sabe”, y es que el asombro es la experiencia que sacándonos de nuestra actitud natural ante las cosas, nos hace asombrarnos de las cosas mismas, abriendo sentido o dando paso al ser desde nuestro preguntar. Ahora bien, nos maravillamos de aquello que ignoramos, como sucede –dice Aristóteles– con “los autómatas de los teatros de marionetas [eso les pasa a los que no han visto la causa]”. Sin duda alguna, debió haber sido todo un espectáculo para los hombres de la antigüedad griega ser espectador del movimiento de seres no-naturales. De tal modo que, el conocimiento de la causa constituye un saber más elevado, no ensanchamiento o acumulación de teorías de parte de quien sabe mucho sino disposición distinta respecto de aquello ante lo cual ahora se está en posesión: esto es del conocimiento último de las cosas.

El maravillarse se mantiene en la disposición inicial de la investigación –lo que la suscita–, como en el conocimiento profundo de su por qué, esto es, de la teoría que elaboramos para habitar el mundo. Y es que el filosofar, como hemos dicho, comienza por el estado del asombro, pero la actitud del filósofo es ir más allá del mero reconocimiento de la ignorancia, de tal modo que se debe imponer una actitud contraria a dicho estado inicial y que es la mejor –afirma Aristóteles- alcanzando así el conocimiento más elevado, el de las causas o principios primeros de la realidad.

Ahora bien, ¿cómo disponernos a la actitud de asombro cuando estamos en posesión de infinidad de teorías –filosóficas, científicas y religiosas– que nos ofrecen una explicación respecto de cada sector de la realidad? Primeramente, considero que, aquel que se encuentra en dominio del saber no es el filósofo, pues recordemos la definición etimológica de “filosofía” como “amor a la sabiduría”, es decir que, filósofo es el que desea el saber y no el que lo posee. En segundo lugar, y más explícitamente, requerimos para asombrarnos, de la sinceridad del que investiga. Reconociendo su no-saber, de tal modo que su actitud de indagación sea genuina como ya enseñaba Sócrates para quien la ignorancia se constituía en un auténtico modo de ser, de vivir y de existir. La actitud de interrogación que se ejerce en el filosofar a partir del reconocimiento de la ignorancia es apertura al mundo, y muestra del deseo genuino por habitarlo, que no dominarlo.

Occidente, en el caso de la composición etimológica del término “filo-sofía”, ha optado por el lado del “saber”, de su sophia, concibiendo su historia como el recuento de sistemas y teorías que nos dan un por qué del mundo, del hombre, de la vida. De tal modo que, el mismo filósofo se ha concebido como aquel que posee el conocimiento o que está obligado necesariamente a saber de todo, pero recordemos más bien que, filósofo es aquel que se afana penosamente por alcanzar el saber, y que sus respuestas en dado caso de estar en posesión de ellas son provisionales, como provisional es su ser y su existir.

Por lo tanto, Aristóteles nos recuerda que el filósofo debe forzarse a una actitud que pretenda ir más allá de la actitud común, disponiéndose con detenimiento a inspeccionar la realidad en profundidad, esperando encontrar las respuestas a nuestro asombro primario, sin que por ello dejemos de asombrarnos. Y es que la actitud de Aristóteles nos muestra este filosofar vigente que se concibe como la experiencia originaria de quien está como por primera vez ante las cosas y se pregunta por ellas: ¿qué son las cosas, el hombre, la vida?, ¿cuál es la razón última que las constituye en lo que son y no en otra cosa diferente?, ¿por qué hay ser y no más bien nada?, entre otras muchas preguntas que nos colocan en la realidad con radicalidad respecto del ser y su sentido. La filosofía entonces, es aquella disposición que nos invita a preguntarnos lo que nadie más desea preguntar, porque en la magnitud de su preguntar, lleva consigo una respuesta que quizás no deseamos ni queremos escuchar, atender, ni vivir.

 

 

 

Entre la riqueza somos pobres

JOSÉ DE JESUS ALVARIO VÁZQUEZ

 

En la actualidad nuestro país tiene elevados índices de pobreza, no se logra comprender la existencia de personas que para comer un día tienen que trabajar dos, mientras los grandes poderes de nuestra sociedad aseguran que todo “va bien”, cuando la realidad está diciendo todo lo contrario.

 

No se logra comprender que en un país que posee tan grandes riquezas naturales y sociales, se busquen pretextos ilógicos para argumentar la existencia de la pobreza, donde los ricos son más ricos y los pobres más pobres. En nuestra sociedad no existe una buena administración pública, en la que no se hacen las cosas justamente; mientras grandes funcionarios ganan millones de pesos, los más débiles mantienen un salario mínimo para poder llevar una vida digna.

 

Cuando volvemos la mirada a nuestro país logramos ver que a diferencia de otros posee una riqueza tan en varios ámbitos. Tanta es su riqueza que inclusive los grandes poderes mundiales ponen la mira en nuestro México, como la fuente de riqueza que puede ayudarlos a obtener aquello que ellos no poseen. Quienes han llevado la administración en nuestra nación no se han caracterizado por ser los mejores líderes que la patria necesita. Por ello, precisamos gobernantes que tengan plena conciencia de que su trabajo es un servicio al pueblo.

 

 

No podemos evitar interpretar

ISRAEL HERNÁNDEZ HERRERA

 

El 27 de agosto en el Instituto de Estudios Superiores Rafael Guízar Valencia, se reunieron alumnos y profesores para escuchar la conferencia titulada «Hermenéutica y acontecer del sentido», con la que se dio inicio al curso escolar 2018-2019, impartida por el Dr. Marcelino Arias Sandi.

 

En punto de las 9:00 a.m., el director de la facultad de filosofía, Lic. Guillermo García Velasco, dio la bienvenida y presentó al expositor e hizo mención de su trayectoria tanto académica como profesional, actualmente funge como catedrático de la Universidad Veracruzana. Ha impartido seminarios, talleres filosóficos de hermenéutica, ética y epistemología.

 

En el transcurso de la conferencia Arias Sandi, destacó que «la interpretación de cualquier mensaje depende del lugar donde nos desarrollamos». Es por ello que la importancia de la hermenéutica radica en su trascendencia a lo largo de la historia, porque busca el sentido del mensaje en concreto: el verdadero sentido de lo que se quiere transmitir, la verdad.

 

Para finalizar se abrió un espacio dedicado al intercambio de opiniones, entre los asistentes y el expositor, en el que Sandí concluyó con la frase: «no podemos evitar interpretar».

 

 

Anima verbi

JUAN PABLO ROJAS TEXON

 

Se llama “apostasía” (en griego, apóstasis, ‘deserción’; de apó, ‘fuera de’, y stásis, ‘colocarse’) a la “renuncia” total a la fe cristiana por parte de uno de sus miembros. La Iglesia católica la considera un pecado grave, pues designa “el menosprecio de la verdad revelada o el rechazo voluntario de prestarle asentimiento” (CIC 2089). A diferencia de la herejía, que desdice alguno de los dogmas religiosos, la apostasía niega absolutamente la doctrina sagrada. Por eso, constituye una ruptura que “lesiona la unidad del cuerpo de Cristo” (CIC 817).

 

FRASE DE LA SEMANA: “La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”. Platón.

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