Un México libre

16/09/2018

E D I T O R I AL

Un México libre

 

El hecho histórico de la Independencia de México, como la historia entera de nuestro país, es difícil de interpretar por todo un lenguaje significativo en que son protagonistas personajes, influenciados por las corrientes de pensamiento revolucionario francés y ecos de la Independencia Norteamericana, que buscan un cambio de filosofía política. Este movimiento tiene dos tendencias opuestas, según Octavio Paz «una, liberal y utópica, que concibe a la América Española como un todo unitario; otra, tradicional, que rompe lazos con la Metrópoli sólo para acelerar el proceso de dispersión del Imperio».

 

Los rasgos nacionales, que cada mexicano tiene grabado en su alma, permiten que en estos festejos patrios se encienda la llama de la identidad nacional en donde se exponga su orgullo por pertenecer a un país independiente. Sin embargo, ¿realmente somos independientes de las monarquías contemporáneas que se elevan por encima de nosotros y nos hacen vivir bajo sus sombras? 

 

En estos últimos años el país ha sido gobernado por personajes poco agraciados, que siguen proclamando un lenguaje de libertad que, sin duda alguna, parece cuestionable al adherir nuestra mente, inundada por los discursos de la alta burocracia, con la realidad de nuestro país. ¿Será que nuestro país necesite un cambio en su filosofía política?

 

Libres y solidarios

FRANCISCO PALMEROS PALMEROS

 

La algarabía por celebrar 208 años del inicio de independencia de México, no deja de llevarnos a hacer una reflexión sobre el estado en que se encuentra nuestra Nación: con una desgarradora crisis social producto de tantos malos manejos del poder, de la incompetencia de los aparatos de justicia, de la partidocracia que mira los intereses de un minúsculo grupo y de una educación más mediocre que convierte al pueblo cada vez más ignorante y secularizado. Quedando como resultado una pérdida de los principales valores y de los grandes referentes dígase religiosos, dígase civiles.

 

Estas fiestas patrias deben empujarnos y animarnos para ofrecer lo mejor de nosotros y salir al encuentro de aquellos que siguen sufriendo esta crisis reflejada también en la desaparición o pérdida de alguno de sus familiares; dar lo mejor de nosotros para ayudar a aquellos connacionales hermanos nuestros que viven en situación de miseria cultural, social y económica fruto de las terribles injusticias; y de este modo hagamos valer los más altos ideales por los que nuestros héroes ofrendaron su vida, para que gozáramos de libertad y de paz.

 

Algunos retos que tenemos como nación para lograr la esos ideales son: extirpar de raíz la desigualdad, la pobreza, la apatía en cuanto a participación social se refiere; por otro lado, fomentar y cultivar valores, como la tolerancia y el respeto por la vida, algo sagrado de cada uno de los individuos, desde su concepción hasta su muerte natural.

 

Sintamos el orgullo de ser mexicanos, hombres y mujeres libres y solidarios con aquellos que se encuentran encadenados por la angustia, el dolor y el sinsentido de la vida. Al decir ahora ¡viva México!, que no se quede en algo abstracto o romántico, sino que refleje un deseo de libertad para todos, proyectado con nuestros hechos, y con la vivencia de los valores más auténticos y nobles, en beneficio de nuestros hermanos que comparten el honor de pertenecer a esta gran nación mexicana.

 

El cura Hidalgo y sus amigos

PEDRO LUIS HERNÁNDEZ MARTÍN

 

Si algo caracteriza a nuestro pueblo es la alegría, cada vez menos notoria, desbordada en el mes patrio. Con ocasión de recordar los acontecimientos que fueron la gota que derramó el vaso en el inicio de la guerra de independencia, salta al recuerdo más que ningún personaje Hidalgo.

 

La historia oficial siempre nos lo ha presentado como el suntuoso y valiente criollo que, enarbolando a “La Guadalupana”, condujo al sencillo pueblo de Dolores como el primer batallón insurgente; no obstante, es realmente poco lo que con certeza se sabe entre el dominio público sobre este sacerdote rebelde.

 

Paco Ignacio Taibo II nos ofrece una obra que se cuenta entre los inventarios de algunas bibliotecas públicas, y nos dibuja de una manera muy cómica el perfil humano del que es llamado “Padre de la patria”. Lejos del solemne personaje podemos ver con un sentido muy crítico que realmente los intereses del párroco de Dolores no se fincaban precisamente en la legítima defensa de los mexicanos, sino que en sus motivos de lucha se encontraban impresos intrínsecamente sus intereses personales: la conservación de sus propiedades, privilegios y derechos como español criollo.

 

En estos tiempos en que la curiosidad por conocer lo oculto impera en el pensamiento de muchas personas, bien valdría la pena dedicar un momento para leer esta fascinante obra que recoge vestigios sobre lo que realmente pretendían el cura Hidalgo y sus amigos.

 

¿Suave Independencia?

JUAN FERNANDO SÁNCHEZ

 

La Independencia de México se parece a la gran poesía de López Velarde «Suave Patria». Muchos saben de su existencia, pero pocos la conocen. De igual manera pasa con la Independencia, muchos la celebran, pero pocos saben de lo que se trata.

Sobre el poema. La lectura del poema «Suave Patria» despierta emociones confusas y extravagantes. Se publicó en 1921, en la revista de José Vasconcelos «El maestro» y ha sido objeto de múltiples ensayos e investigaciones. Velarde quiso solemnizar los primeros cien años del México independiente, lamentar los cuatrocientos de la caída de Tenochtitlán y, sobre todo, convertir en poesía su sentimiento por la nación. Ramón López Velarde propone el retorno a la humilde tierra, lejos de la que describió Humboldt. Se trata de un poema que todo mexicano debería de leer y disfrutar.

Así con la Independencia. Tal vez muchos festejaron «el grito» bailando y divirtiéndose, pero pocos se preguntan qué es eso de la Independencia y lo que realmente significa. Nuestra nación es mestiza. No debemos olvidar ni a la madre ni al padre. La madre, podríamos decir, es la cultura náhuatl; el padre, es el catolicismo. Con el tiempo, esta cultura híbrida, quiso liberarse de la opresión de otro gobierno que estaba en otro lado y que se apropiaba un territorio que no era suyo. Y lo logró.

Muchos sólo celebran la Independencia, pero sin la más mínima idea de todo el proceso para forjarla, para ser autónomos y consolidar la nación mexicana. Es por eso que intitulamos esta breve reflexión, como Suave Independencia, para contrastar, en sentido irónico, la grandeza del poema con la mezquindad que le damos a la historia. Pero hay que ponernos a pensar, además de la historia, en el presente y, sobre todo, en el futuro. A pesar de que somos considerados un país libre, ocurren muchas injusticias en la libertad, porque sigue existiendo mucha opresión. La grandeza del poema de Velarde debe ser como un “tábano” para nuestra cultura. Debe molestar conciencias para contrastar lo que se ha hecho con lo que se podría haber realizado.

Vivimos en un país inmensamente rico y, curiosamente, donde hay una extrema pobreza. La Independencia no puede ser suave, debe ser áspera, debe doler, debe ganarse. Hay que esforzarse. 

 

¿Alegría o tristeza?

JOSELITO DURANTE YOBAL

Para todos aquellos que compartimos ser mexicanos, en el mes de septiembre celebramos nuestra Independencia como nación; más de un bicentenario y seguimos inundando las calles con la emblemática bandera tricolor, la cual vemos ondear en lo alto de una asta.

Pocos son los que saben el significado de las posiciones de la bandera en la asta: cuando se pone en lo alto o a la mitad. Cuando nuestra insignia tricolor se encuentra a media asta es en conmemoración a las fechas declaradas solemnes para toda la nación, en las cuales se guarda duelo; como lo fue en el año 2013, cuando Enrique Peña Nieto declaró luto nacional, por el deceso de muchos mexicanos, los días 2, 3 y 4 de febrero debido a la explosión de la Torre B de PEMEX.

Si la bandera está en la cima de la asta nos recuerda fechas solemnes de carácter festivo: 24 de febrero (día de la bandera), 5 de mayo (Batalla de Puebla), 20 de noviembre (Revolución mexicana), 15 y 16 de septiembre en (conmemoración del inicio de la guerra de Independencia). Ahora cada vez que veamos ondear la Bandera en una posición, sabremos que nos recuerda fechas de alegría o tristeza, que van forjando a la nación.

 

Anima verbi

JUAN PABLO ROJAS TEXON

 

El nombre “Belcebú” (en hebreo, ba’al zêbûb; de ba’al, ‘amo’, ‘señor’, y zêbûb, ‘mosca’, alteración despectiva de zêbul, ‘morada’) hace referencia a Baal Zebul, “el Señor de la tierra [zêbul]”, una antigua divinidad cananea venerada por muchos pueblos de Asia Menor. En el Antiguo Testamento es uno de los falsos dioses al que los hebreos adoraron algunas veces descuidando el culto a Yahvé. Sin embargo, su incapacidad para consumir los sacrificios que el pueblo le ofrecía, alrededor de los cuales se concentraban las moscas, pudo ser una de las causas de que no lo llamaran más Zebul [morada] sino Zebub [mosca], en tono burlesco, dada la consonancia de estas palabras en hebreo. Así, de Señor de la tierra pasó a Señor de las moscas, lo que explica su evolución escatológica a Príncipe de los demonios (Mt 12, 24; Mc 3, 22).

 

 

 

Pie de Foto:  El viernes 14 de septiembre en el Seminario Arquidiocesano de Xalapa, se llevó a cabo la verbena popular de esta institución, con el fin de resaltar la importancia de ser mexicanos.

Fotógrafo: Bernardino Hernández 

 

Frase de la semana: “Despertar a la historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer” Octavio paz

 

 

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