El hombre: garante y guardián de la vida

15/10/2018

E D I T O R I A L

El hombre: garante y guardián de la vida

La autoridad que decide quién vive o quién muere, no puede ser el hombre. Desde el germinar de una semilla hasta el desarrollo de un embrión, implican un movimiento autónomo más allá de la sola autoridad del ser humano. El orden en lo natural es una invitación a ser parte activa de un gran sistema, en la cual, el hombre por su capacidad de intelección tiene un lugar de privilegio, que lo obliga a ser garante y protector de la misma, en vez de ser su juez y su verdugo. El papa Francisco señaló que, ante el desprecio de la vida frente a los ídolos reinantes en el mundo: el dinero, el poder y el existo, «la única medida auténtica de la vida es el amor, el amor con el que Dios nos ama».  “Vale la pena acoger toda vida porque cada persona vale la sangre de Cristo mismo. No se puede despreciar aquello que Dios a amado”.

 

El papa y los métodos anticonceptivos

AUSENCIO SÁNCHEZ

Giovanni Battista Montini, fue electo papa el 21 de junio de 1963 tomando por nombre Pablo VI. En su pontificado tuvo que enfrentar varios acontecimientos: la continuación y cierre del concilio vaticano II, debido a que su antecesor Juan XXIII había muerto mientras se llevaba a cabo.

 

Durante su pontificado siempre buscó el diálogo con el mundo moderno, la búsqueda de la paz y la justicia social, de allí que el 25 de julio de 1968 publicara la encíclica Humanae Vitae, la cual aborda temas sobre la apertura a la vida en el matrimonio, sobre la regulación de la natalidad y define la doctrina católica sobre el aborto y los métodos anticonceptivos, afirmando que ambos están terminantemente prohibidos en cualquier supuesto, así como otros temas de la moral conyugal.

 

El texto subraya los dos significados inseparables del acto conyugal, el aspecto unitivo y el procreativo, sin embargo, esta encíclica provocó una de las mayores controversias en la historia de la Iglesia de nuestros tiempos. La encíclica fue la causa de una separación brutal entre el papa y el mundo, en un poderoso enfrentamiento entre ética cristiana, magisterio pontificio y prácticas individualistas. Se debe mencionar que fue poco leída, porque fue simple y falsamente reducida a la prohibición de la píldora; sin embargo, esta palabra no aparecía en el documento.

 

Además, había un denominador común entre los extremistas de un lado y de otro: la censura contra la actitud de Pablo VI, el rechazo de su autoridad. Unos la consideraban peligrosa y hasta heterodoxa, otros la juzgaban excesivamente tímida: usaba el freno con demasiada frecuencia, según decían, cuando su misión después del concilio debería ser de apertura audaz. Otro problema fue con Lefevre y sus seguidores que lo juzgaron, un antipapa y le rechazaron su obediencia. Por desgracia, no pocos, incluso en la Curia romana, aunque no se atrevieron a dar el paso, pensaron lo mismo de él y del concilio. Poco antes de morir, el papa declaraba que el objetivo primordial de su ministerio, era la defensa de la fe y la vida humana, manifestando estar fortalecido y sostenido por la conciencia de haber confesado a Cristo de manera constante e incansable ante la Iglesia y el mundo. El 6 de agosto de 1978, Pablo VI murió en Castel Gandolfo víctima de un infarto agudo de miocardio y después de 18 años de pontificado. Este domingo 14 de octubre Pablo VI será canonizado en la plaza de san Pedro en el Vaticano por el papa Francisco.

 

FOTO: PABLO VI

 

Bioética personalista

RAFAEL RAMOS PÉREZ

De acuerdo con Ramón Lucas Lucas, la bioética es “la ciencia que regula la conducta humana, en el campo de la vida y de la salud, a la luz de los valores y principios morales racionales”. Los temas que se reflexionan en bioética abarcan desde la concepción de la persona hasta su muerte natural.

 

En lo que concierne al inicio de la vida humana, podemos encontrar temas como: la licitud moral del aborto, la fecundación asistida, la experimentación con embriones, el estatuto ontológico y jurídico del embrión, entre otros.

 

Es necesario afirmar que hay muchas formas de concebir la bioética. Mencionaremos cuatro: La bioética pragmático-utilitaria, cuyo fundamento último se encuentra en el beneficio y la conveniencia personal que no aportan al bien común. La bioética socio-biologista, la cual elimina la espiritualidad del ser humano colocando al hombre en el mismo grado de ser que los animales irracionales. La bioética liberal, la cual exalta la libertad de decisión de la persona desarticulando el juicio y la acción de la verdad y el bien objetivos. Por último, la bioética personalista, la cual fundamenta su juicio respecto del dilema moral en la naturaleza humana. Es a esta última forma de racionalidad a la que queremos referirnos en adelante, ya que nos capacita para hablar de valores y principios morales racionales en el campo de la vida y la salud.      

 

El soporte de la bioética personalista lo encontramos en la naturaleza de la persona humana.  Ahora bien, la naturaleza de un ser “es lo que lo constituye como tal, con el dinamismo de sus tendencias hacia sus finalidades propias”. Para poder argumentar a favor de la existencia de la naturaleza humana es necesario entrar en el ámbito de la antropología filosófica, la cual esencialmente se pregunta por la naturaleza, la finalidad y el sentido de la existencia del hombre.

 

Con base en este concepto de naturaleza, retomamos el tema de la licitud moral del aborto. Para poder discernir sobre la moralidad del aborto, es necesario preguntarnos desde la antropología filosófica si el óvulo fecundado es o no es persona. Desde la bioética personalista, que se apoya de la antropología filosófica, el óvulo fecundado es persona debido a que posee naturaleza humana, y por lo tanto, tiene un valor inalienable, es decir, propio, exclusivo, único e irrepetible. No se trata aquí de consideraciones basadas en la opinión, sino del “reconocimiento” de la naturaleza humana del óvulo fecundado el cual posee estatuto propio de persona. 

 

El aborto procurado rompe con este “reconocimiento” del óvulo fecundado como persona y su naturaleza, faltando así a la verdad y al bien. La mentira y el mal no perfeccionan al hombre, sino que lo debilitan. De acuerdo al Dignitas Personae, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “detrás de cada “no” brilla, en las fatigas del discernimiento entre el bien y el mal, un gran “sí” en reconocimiento de la dignidad y del valor inalienable de cada singular e irrepetible ser humano llamado a la existencia” en el amor.  “La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida”. Sin duda alguna la bioética personalista se encuentra al servicio de la civilización del amor.

 

Iglesia y defensa de la vida

ÓSCAR JOSUÉ SÁNCHEZ MORALES

Asociaciones alrededor del mundo se han levantado con una férrea convicción: la defensa de la vida. Nuestro país, nuestro estado, no es la excepción. El Pbro. José Manuel Suazo Reyes, vocero de la Arquidiócesis de Xalapa, ha estado cerca de estas acciones y ahora comparte para Concilio unas palabras acerca de tal movimiento y la relación con la Iglesia.

 

El presbítero explica a grandes rasgos en qué consiste esta defensa: “los grupos, asociaciones y movimientos laicales de la Iglesia católica en Veracruz se han organizado con dos acciones en este mes de octubre: una es la Jornada de oración (llevada a cabo el día 4 de octubre) y otra es una mega manifestación en todo el estado de Veracruz el próximo 20 de octubre. Esto surge en relación con los desafíos y las  tendencias que estamos observando hoy en algunas autoridades electas”; nos recuerda y pone ejemplo a la senadora Olga Sánchez Cordero, que se anunció va a ser la Secretaria de Gobierno de la próxima administración federal, quien públicamente ha dicho que desea promover varias cosas: la legalización de la marihuana, la legalización del aborto a nivel nacional e incluso el tema de la eutanasia. Con esos anuncios de este caso, tenemos un ejemplo de una persona electa, una autoridad, que se convierte en una “amenaza para la vida”.

 

En el caso de Veracruz la vida está protegida en la constitución, en el artículo cuatro, se dice que el estado debe proteger la vida desde la concepción hasta su desenlace natural. El padre Suazo nos dice que “se debe defender la vida en primer lugar ante los legisladores, quienes, al tener hoy mayoría en el senado y tienen esta tendencia abortista, pueden intentar modificar las constituciones de los estados en los que se protege la vida, como es el caso de Veracruz. Y con ello empezar también a tirar y modificar las constituciones donde se protege la vida. Hasta este momento son ya 19 estados de la República Mexicana que protegen la vida en su constitución”.

 

El sacerdote expresa que por estos desafíos es necesario proteger la vida: “no solamente es Olga Sánchez Cordero, también el que va a ser secretario de salud, habló desde otro punto de vista: que era necesario o conveniente legalizar el aborto en todo México. Y recientemente el 27 de septiembre un grupo de diputadas de Morena también salió a los medios de comunicación a anunciar que ellas promoverán la legalización del aborto en todo el país”; sentencia también que “todo esto resulta una amenaza, una tendencia, es un peligro, una expresión de la cultura de la muerte que está llegando a los tribunales, a las autoridades electas; por eso, es necesario organizarse para levantar la voz, ser un contrapeso de estas organizaciones”.

 

Al preguntarle sobre el primer responsable de la defensa de la vida, Suazo Reyes contesta que “la defensa de la vida es de todos, pero obviamente hay instituciones que les toca protegerla, por ejemplo, al Estado le toca, como dice la Constitución, velar por los derechos de todas las personas, los derechos que están consagrados en la Constitución, y tenemos un documento sobre Derechos Humanos, y por lo tanto son los primeros responsables: Estado como una constitución garante de los derechos humanos; pero también cuando los ciudadanos observamos que el Estado se vuelve frágil y cae en manos de estas tendencias o estas políticas ‘anti-vida’, entonces  los ciudadanos tenemos que levantar la voz, por ello, los laicos organizados están manifestándose para pedir que se respete la vida, que se proteja, que se cuide”. Cuando se habla de la defensa de la vida, estamos hablando de todo el arco de la existencia, desde los no nacidos hasta las personas adultas mayores que pueden estar enfermas, disminuidas, pero que también tienen una dignidad.

 

Respecto al papel que tiene la Iglesia y el valor que le da a la vida, el sacerdote responde que “la Iglesia considera que la vida es un don que Dios ha dado al ser humano, en este sentido el ser humano tiene una dignidad que debe proteger, y la vida humana es uno de los primeros derechos, es un don sagrado que se deber respetar. Por tanto, la Iglesia siendo fiel a su misión, a su naturaleza y a su condición, levanta la voz, hace conciencia en sus feligreses, para que el cristiano también se defienda”.

Para terminar la entrevista, el Padre José Manuel Suazo reflexiona sobre la pregunta que se hacia santa Teresa de Calcuta “si se permite o legaliza que una mujer se convierta en asesina de su hijo, ¿quién podrá impedir a cualquier persona que agreda a cualquier otra?”. Explicado con otras palabras: “es abrir la puerta a un desastre humanitario que ya nos ha generado muchos males. Son miles ya los abortados. El aborto es un crimen horrendo, que atenta contra la vida de un inocente, de alguien que no pidió venir al mundo y que tiene derechos, por ello, la Iglesia levanta la voz”.

 FOTO: Pbro. José Manuel Suazo

 

Anima verbi

JUAN PABLO ROJAS TEXON

 

Se llama “dominico” (en latín, dominicus, ‘domingo’; de dominus, ‘Señor’) al miembro de la orden mendicante católica fundada por Domingo de Guzmán a comienzos del siglo XIII. En su momento, una de las prácticas distintivas de esta orden fue que entreveró la vida espiritual y monástica con la predicación, algo inusual en la época. De ahí que uno de sus lemas sea: Contemplari et contemplata aliis tradere (contemplar y llevar a otros lo contemplado). Asimismo, dado que el estudio de la teología era parte crucial de su carisma, el papa Gregorio IX les confió sobre todo a los dominicos la vigilancia de la Inquisición, de reciente nacimiento. Por eso, estos religiosos fueron también conocidos

 

FRASE DE LA SEMANA: “Este es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana” Oscar Arnulfo Romero

 

 

 

 

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