La postmodernidad, el imperio de la relatividad

La novedad siempre ha cautivado al hombre. La postmodernidad se ha convertido en la novedad del pensamiento; desarrollada entre los siglos XX-XXI, al menos en lo transcurrido, se ha manifestado de manera espontánea y progresiva, infiltrándose en los espacios sociales, culturales, económicos, políticos, artísticos, laborales, comerciales, productivos e intelectuales. La postmodernidad es una etapa en la historia del hombre que, como en otras épocas del pensamiento, puede ser concebida bajo sus efectos e influjos dentro de la humanidad. Para profundizar en ella es preciso tener en cuenta su definición nominal y algunas pautas que nos acerquen a su definición real. El sufijo “post” indica ir más allá, trascender, superar, es decir, expresa la idea de superación. Por otro lado, “modernidad” quiere expresar una época de pensamiento, la cual se caracterizó por otorgarle la primacía a la razón, exaltando el ser del hombre, lo que quedó manifestado en el arte, la ciencia y la tecnología. El proyecto de la modernidad tenía fines muy concretos, de acuerdo con Jürgen Habermas, la modernidad prometía al hombre emanciparlo de toda razón expresada por la religión y la metafísica en tres esferas autónomas: la ciencia, la moralidad y el arte. Sin embargo, aquel proyecto fracasó, el hombre liberado se cosificó, se esclavizó, se despersonalizó, menoscabando su dignidad de ser humano. Según Fredric Jameson, el postmodernismo apareció como una reacción contra las formas establecidas en el modernismo, es decir, contra el modernismo anárquico, dominante y limitante; la idea suprema, concibe el esfuerzo humano como un desarrollo paulatino con la virtud de recuperar el fundamento origen, la promesa de la modernidad. Así originariamente, el postmodernismo se expresó como una actitud ante las eventualidades de la vida, una correlación entre la cultura, la sociedad y un nuevo orden económico. Krauss Rosalind puntualiza que la actitud postmoderna no se define en relación con el medio dado, sino como una serie de términos culturales que, por medio de la observación y el análisis del fenómeno, logró sistematizar las principales líneas de esta corriente de pensamiento. El corazón de una cultura postmoderna se puede descubrir en el imperio de la relativización, es decir, la denigración de una verdad universal y la supremacía de verdades particulares, de acuerdo con Joan Carles Mélich, el postmodernismo se interesa por una desconstrucción crítica de la tradición, en la que una verdad única se descompone en cientos de verdades relativas, actitud imperante en el estilo de vida actual. Al hablar de postmodernismo se ha convertido en un tema bastante complejo y algunas veces indefinible, por la carencia de autenticidad, Zygmunt Bauman decía que la identidad de la postmodernidad consiste en no tener identidad, paradójicamente en deshacerse de toda clase de identidad; Jameson refuerza el argumento sustentando que la identidad propia del postmodernismo es el pastiche, es decir, recurre a la imitación de otros estilos e identidades, de ahí la empresa de tener un acercamiento al concepto de postmodernismo, el cual indiscutiblemente impera en la actualidad.

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