Reconocer para ser reconocido

13/01/2019

E D I T O R I A L

Reconocer para ser reconocido

En la actualidad existe una decadencia en las virtudes propias del ser humano. Ser una persona virtuosa en la sociedad es considerado como algo extraño, que trae consigo el rechazo de la misma. La humildad es una de esas virtudes en decadencia, la cual se debe resguardar y promover para que exista un cambio en la manera de pensar y ser en el desarrollo de las actividades de la vida diaria.

La humildad implica tener conocimiento de aquellas cualidades con las que se cuenta y a su vez aceptar las propias limitantes. Todo esto es necesario conocerlo para ejercerlo con los demás, con el fin contrarrestar aquel egoísmo y soberbia que habita en el mundo.

Ser humilde ofrece muchos frutos a nivel personal al igual que de manera grupal, algunos de éstos son el convivir en un ambiente de solidaridad con los demás, el tener una actitud de servicio ante aquellas necesidades propias y ajenas, el tender la mano al necesitado, a su vez, saber pedir ayuda ante las dificultades en las que solos no se podrían superar. Todo esto es un proceso arduo, pero no imposible, recordemos aquel famoso dicho: «Roma no se construyó en un día»

 

¿Hijos de Dios?

SERGIO PÉREZ PORTILLA

El hombre no es, por naturaleza, hijo de Dios. La distancia entre Dios y el hombre no deja de ser, per se, la misma que hay entre creatura y Creador. Es una distancia más grande que la que existe entre nuestro sistema solar y otro sistema a millones de años luz. Dios no es, por naturaleza, padre del hombre, sino su creador.

Sin embargo, algo hay que hace al hombre diferente a toda la demás creación. En el libro del Génesis, en el primer capítulo, vemos cómo Dios crea todo lo que existe y ve que es “bueno”, pero al final de la creación, como la coronación de la misma, lo último que crea Dios es al hombre y a la mujer, y vio que era “muy bueno”. El hombre es un ser creado con una particularidad: es un fin en sí mismo.

Lo anterior lo sabemos no por reflexiones o pretensiones, sino porque Dios mismo nos lo ha hecho saber, nos ha dicho que somos especiales: entregó a su Hijo único para salvarnos a nosotros. Sí, en el Credo lo decimos: creo en Jesucristo, Hijo único de Dios. Sí, Jesús, segunda persona de la Trinidad, Él sí es, por naturaleza, Hijo de Dios, y nosotros no. Pero a través de lo que Dios mismo en Jesucristo nos ha revelado es justamente que sabemos que hemos sido elegidos para recibir, como hijos naturales, la herencia del Padre: la vida eterna. La recibimos gracias al sacrificio de Jesús, a su obediencia, a su Resurrección.

Efectivamente, Jesús se ha hecho como nosotros para acercarnos al Padre; el hijo de Dios se ha hecho hijo de hombre, para que los hijos de los hombres podamos ser hijos de Dios. ¡Y realmente lo somos! No lo éramos, nuestra naturaleza es muy lejana y distinta a la naturaleza de Dios, pero él nos ha adoptado, nos ha regalado la herencia que únicamente los hijos pueden gozar. No somos hijos de Dios por la naturaleza, sino por la Gracia.

Ser hijos de Dios no es un reconocimiento a nuestra excelente trayectoria humana, sino que es consecuencia de ser amados sin medida por quien ha creado todo, el mismo que nos ha creado no por casualidad, sino con toda una finalidad: que gocemos de su presencia en la eternidad. Sí: Dios, al crearnos, ya sabía que nos invitaría a formar parte de su familia, de su divinidad. Dios, al crearnos, ya había soñado con hacernos sus hijos. Y hoy nosotros podemos cumplir el sueño de Dios, el aceptarlo como padre nuestro.

Hoy celebramos el bautismo de Jesús, y no está de más poner nuestro bautismo en perspectiva. Eso sí, debemos tener mucho cuidado con no confundir el bautismo con el que fue bautizado nuestro Señor con el bautismo con el que somos bautizados nosotros. A Jesús lo bautizó Juan con agua, pero nosotros somos bautizados con el Espíritu Santo. El agua no santifica, el Espíritu sí. El agua es un símbolo, el Espíritu una persona. Y aunque la gracia que recibimos por el bautismo no cambia nuestra naturaleza, sí la perfecciona, la eleva a tal punto que podemos con total poder decir: sí, soy hijo de Dios. Soy hijo de Dios por la gracia, por su misericordia. Dios es mi padre.

 

 

 

¿Nihilismo? Mejor defender los valores.

JOSÉ RAFAEL RODRIGUEZ RIVERA

Los valores son elementos clave en la sociedad para un sano desarrollo hacia un bien común, ya que proporcionan armonía en las relaciones interpersonales: el respeto, la tolerancia, el amor, la libertad, la paz, la lealtad, la responsabilidad, la justicia, la equidad y la honestidad. Si se lleva a cabo cada uno de estos seguramente la vida es muy fácil de llevar.

 Hay un valor muy importante como el respeto a la vida, que en estos tiempos es tan perseguido, la vida que viene del Ser supremo y se pretende decidir sobre su desarrollo en el vientre y sobre su término en la ancianidad o en la enfermedad. No se pretenda caer en un nihilismo, esta realidad es quitar los valores humanos, religiosos, morales, éticos, políticos, es hacerlos un lado porque no hacen falta, porque quizás se ha manifestado que no han servido según conveniencia en la vida del hombre y se pretende que el hombre sea libre de poder realizar todo lo que crea que está bien o para poder ser feliz, aunque valla en contra de las normas que se plantean en los diferentes ambientes religiosos, éticos, políticos. Esta postura nihilista la declara el filósofo alemán, Nietzsche.

El nihilismo tiene un sentido positivo encarnado en el método genealógico nietzscheano que desenmascara los falsos valores y proclama que «Dios ha muerto», lo que significa que no hay propiamente un sentido, y que aquellos que habían sido considerados los valores supremos se desvaloran. la moral como consecuencia, como síntoma, como máscara, como enfermedad, como malentendido; pero también la moral como causa, como medicina, como estímulo, como freno, como veneno, un conocimiento que hasta ahora ni ha existido ni tampoco se lo ha siquiera deseado. Parece que en la actualidad hay un deseo intenso de que desaparezca la moral, los valores y entonces haya libertad de poder hacer todo aquello que la voluntad desee realizar. Creemos tener potestad sobre la vida al querer interrumpir un embarazo o envenenar a un enfermo, a un anciano; otra situación es querer cambiar el modelo de familia natural y querer implementar nuevas opciones de uniones, otra situación es la violencia, asesinar sin piedad a seres humanos, entre otras situaciones reales que podemos ver en los medios de comunicación, para muchos estas situaciones deben ser aceptadas y casi promulgadas como un derecho.

En este inicio de año dentro de los propósitos sea que donde quiera que estemos procuremos defender y fomentar los valores humanos y cristianos, respetando normas y la moral dando siempre su lugar en nuestros ambientes, para una sana convivencia. Ayudar a los niños y jóvenes que puedan distinguir con claridad los valores que nos ayudan realmente en la sociedad y que valen la pena defender, y sobre todo que nos ayudan a ser felices, saber tomar decisiones sabias, ejerciendo como es debido la libertad.

 

ANIMA VERBI:

Anima verbi

JUAN PABLO ROJAS TEXON

 

Un “sincretismo” (en griego, synkretismós; de syn, ‘con’, y Kréte, ‘Creta’; en relación quizás con el verbo keránnymi, ‘mezclar’; posible sentido: ‘unión étnica o artesanal como la que ocurría en Creta’) es el proceso por el cual se “mezclan” dos tradiciones a causa del intercambio cultural entre dos pueblos que buscan cohabitar armónicamente. En el ámbito religioso es común la fusión de distintos cultos, tal cual sucede con el catolicismo, que adopta la costumbre prehispánica de celebrar la llegada de los muertos porque no contradice su doctrina sobre la resurrección de la carne y la vida futura. Así pues, el sincretismo es un fenómeno social de apertura y reconocimiento del otro.

 

ESTO YO NO LO SABÍA…

La antesala de una injusticia

FELIZ EDUARDO DOMINGUEZ SALAZAR

Antes de que México entregara la mitad de su territorio a los norteamericanos, tuvo lugar en la ciudad de los Ángeles, California, un movimiento militar entre las fuerzas armadas de Estados Unidos y México, el cual finalizo con el tratado de Cahuenga, también conocido como “capitulación de Cahuenga” que significa en lengua togva lugar en las alturas. La problemática surgió por la distancia entre México y California, tanto así que estos últimos se hacían llamar californianos en vez de mexicanos. La llega de comerciantes estadunidense a la zona comenzó a interferir en las relaciones diplomáticas entre el gobierno de California y el gobierno central de México. La tensión entre ambos países creció hasta el punto en el que el gobierno de Estados Unidos mando a realizar una expedición topografía a la zona con el objetivo de anexar Texas a Estados Unidos.  Esto hizo que se rompieran de una vez por todas las relaciones entre ambos países, dando inicio a un movimiento militar en la ciudad de Cahuenga. El gobernador en turno de California al verse superado en número militar, firmó en términos honorables la rendición. Todo este movimiento terminó posteriormente con el tratado de Guadalupe Hidalgo, donde México cedió a los Estados Unidos la mitad de su territorio.  

… PERO AHORA YA LO SÉ.

 
FRASE DE LA SEMANA: “Vivir sin filosofar es, propiamente, tener los ojos cerrados, sin tratar de abrirlos jamás”. René Descartes

 

 

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