¡Vivan los dos!

E D I T O R I A L

¡Vivan los dos!

¿Qué es la mujer para un hombre? Ha sido una pregunta interesante, y controversial al mismo tiempo. Lope de Vega escribió «es la mujer del hombre lo más bueno, su vida suele ser y su regalo…» la mujer es compañera, madre, hermana, abuela; sin ellas ¿Qué sería del hombre?

Reconocer a la mujer en la historia ha sido un logro, reconocer que algunas son pieza clave de investigaciones es otro, pero olvidar que es compañera del hombre, puede ser un retroceso. La mejor unión y la más natural, es hombre y mujer, porque es en esa unión, basada en el amor donde se encuentra la igualdad. Por ello ¡Viva la mujer! ¡Viva el varón! ¡Vivan los dos!


¿Cuál es el papel de la Mujer, en el mundo actual?

GRACIELA SÁNCHEZ LOYO

El "si" de una mujer al designo de Dios sobre su vida cambió la historia de la humanidad. El acontecimiento más grande de toda la historia, Dios que se hace hombre, pasó a través de la humanidad de una joven doncella. María, Modelo para todos los que la siguen y quieren cambiar el mundo, haciéndolos crecer en la fe y amor, gracia y vida plena, crea conciencia de la vocación, naturaleza, doctrina, y misión que acompaña el desenvolvimiento de las mujeres que lucharon, demandaron, exigieron y transformaron el mundo arriesgando su propia vida por la lucha de la igualdad en todas las facetas.

Como negar todo lo que las mujeres hemos recorrido y avanzado en la historia, liberándonos no sólo constitucionalmente y/o legalmente, sino también mental y emocionalmente para encontrarse con ella misma, si bien es cierto, que el tiempo de cambio ha sido relativamente poco, el proceso ha sido intenso con avances muy productivos, contra siglos pasados de supresión y opresión, no equitativos, ya que no llegan a todas por igual, debido a la cultura. La mujer contribuye fundamentalmente en la vida de toda la sociedad sin distinción de raza, lugar de origen o estrato social así como en la tarea educativa y misionera de la Iglesia moderna, es de sumo interés su mayor participación en los campos del apostolado de la Iglesia, en su organización y en su desenvolvimiento jerárquico y comunitario.

Las mujeres asumimos en la sociedad el rol que cualquier ser humano, porque somos capaces de pensar, discernir, decidir, sin olvidar que el único rol que no puede ser compartido con un hombre es el de ser madre. Superando adversidades, discriminación, asumimos obligaciones en los diferentes ámbitos, laborales, políticos, empresariales, profesionales, artísticas y de cualquier naturaleza. En la elección de la profesión no sólo determinamos nuestros dones y aptitudes, sino la identificación, consciente con un ideal, anhelos y metas, aprendiendo a defender nuestra dignidad siendo signo de los tiempos. Consideradas multifuncionales, jefas del hogar, sustentadoras de una familia con el fruto del propio trabajo. La mujer madre o virgen, esposa o consagrada, activa en el trabajo, la familia, en la Iglesia y la sociedad, con toda la riqueza de sus facetas logra el bien común.

La Iglesia mediante el Papa Francisco afronta el tema antipederastia primordial para protección de menores, los abusos de religiosas por parte del clero, generando cambio de actitud, "esto también tendrá repercusiones sobre la violencia contra las mujeres y, en particular, las consagradas" "Creando un ambiente seguro, en la Iglesia y en toda la sociedad".

María Santísima, refleja en sí, lo vivido en la tierra y ahora en el cielo goza de su fulgor, dirigimos nuestros espíritus para admirar en Ella el modelo de la perfección cristiana, espejo de virtudes sinceras, maravilla de la verdadera humanidad. A Ella volvemos la mirada suplicante, como a amorosa maestra de vida, en el silencio y amor vigilante.

Mi felicitación y corresponsabilidad con cada una de las mujeres en la sociedad.


Sor Juana Inés de la Zruz: crisol del feminismo

PEDRO LUIS HERNÁNDEZ MARTÍN

Sin lugar a dudas, la Historia de México ha visto pasearse por sus pasillos a muchos personajes, algunos de los cuales sólo han manchado el semblante de esta nación. Entre quienes pueden ser presumidos por los mexicanos, encontramos a Juana de Asbaje, mejor conocida como sor Juana Inés de la Cruz, quien, desde el amanecer de su vida, demostró ser una enamorada de las letras, de las ciencias y del conocimiento mismo.

No es un secreto que entre sus más célebres frases se encuentra aquella que reza hombres necios que acusan a la mujer sin razón. La anterior cita, cobra sentido si entendemos que Juana de Asbaje vivió en una época peculiar, y peculiar porque en esos tiempos sólo los varones podían estudiar en las escuelas, en cambio las mujeres, aprendían, con suerte, a leer y a escribir y su único modo de acceder a las ciencias era ingresando a un convento. Independientemente de las circunstancias históricas en las que se desarrolló, Juana de Asbaje dio un gran aporte a la humanidad, traducido en sus escritos, poemas y demás investigaciones. En un día tan importante como este vale la pena volver la mirada hacia aquellas mujeres que mostrando su capacidad y rescatando su propia dignidad supieron hacer la diferencia que transforma en equidad.

¿Por qué sor Juana Inés de la Cruz es el crisol del feminismo? Por el sencillo hecho de que ella comprendió que, para alcanzar la equidad, no basta con querer <<igualarse>> en actitudes y comportamientos, sino desde la sana distinción y reconocimiento de los valiosos aportes que ambos sexos pueden dar a la sociedad se construye un futuro mejor. Ella, aun con hábitos de monja, sigue resonando en la historia: no necesitó nada más que mostrar su inteligencia.


De Persona a Persona

POR JUAN PABLO ROJAS TEXON


Iris Murdoch

En su artículo “La soberanía del bien sobre otros conceptos”, Iris Murdoch sostiene que el examen de la moral es la actividad humana más importante de todas, más importante incluso que la búsqueda de la verdad, y, a su juicio, ha de cumplir dos cosas: debe ser realista y abogar por un ideal digno. Realista porque la cuestión que los filósofos de la moral deberían responder, antes que enfrascarse en reflexiones estériles, es ¿cómo podemos hacernos mejores personas? Digna porque el ideal a perseguir debe ser tal que a su luz se explique y practique todo lo demás. Para Murdoch, este ideal supremo mayor del cual nada puede haber es el Bien.

No obstante, hay dos problemas que interfieren en el cumplimiento de dicho ideal: los hombres son egoístas por naturaleza y la vida humana no tiene un télos común. “Que los seres humanos son de modo natural egoístas”, dice la autora, “parece mostrarlo la evidencia, cuandoquiera y dondequiera que los observemos, a pesar de un número muy pequeño de aparentes excepciones”. A este respecto, la psicología moderna afirma que la psique es reacia a situaciones desagradables; por eso se busca incesantemente a sí misma y cuando busca consuelo lo hace a través de un hinchamiento imaginario del yo; incluso su amor es una autoafirmación.

En cuanto a la falta télos, Murdoch supone que, si bien hay muchas finalidades en la vida, no hay un destino general externamente garantizado. “Somos lo que parecemos ser, transitorias criaturas mortales sujetas a la necesidad y el azar [...] Nuestro destino puede ser examinado pero no puede ser justificado o explicado totalmente. Simplemente estamos aquí. Y si hay algún tipo de sentido o unidad en la vida humana [...] debe buscarse dentro de una experiencia humana que nada tiene fuera de ella”. De este modo, la idea de Dios en el sentido tradicional del término, que es de hecho el único sentido, está aquí descartada.

¿Cómo hacer entonces para sortear estos dos problemas: dejar de ser egoístas y perseguir conjuntamente el Bien? Murdoch propone a la belleza. ¿Por qué? Porque “la belleza es la única cosa espiritual que amamos instintivamente”. El ejemplo más claro está en la naturaleza: si tengo un problema, una ansiedad, un resentimiento, y miro por la ventana el paisaje a mi alrededor, mi preocupación desaparece. En ese momento no hay otra cosa que el paisaje delante de mí. Y si vuelvo a pensar en el asunto que me aquejaba, parece ahora tener menos importancia. Esto es así porque el deleitarse con las flores y los animales es “una cosa patentemente buena”.

En efecto, la naturaleza no es el sitio idóneo para el cambio moral hacia el Bien, pero, al ser el más accesible para el hombre, constituye el trampolín para llegar al estrato donde está la pauta de ese cambio: el arte. Según Murdoch, el arte, por su belleza, “estimula nuestras mejores facultades” e “inspira amor en la parte más elevada del alma”; “es menos accesible que la naturaleza pero también más edificante”. Su disfrute “es un entrenamiento en el amor a la virtud”. Por eso, el sinsentido del arte es el sinsentido de la vida humana.

Murdoch sostiene su teoría sobre cimientos platónicos. En primer lugar nos recuerda que aunque Platón desconfió del arte por ser copia de una copia, consideró que “la belleza podía ser un punto de partida de la vida buena”. De ahí que canalice la tesis platónica al ámbito del arte, considerándolo “la más educativa de todas las actividades humanas y un lugar en el que se puede ver la naturaleza de la moralidad”. En segundo lugar, sabedora de que el Bien es una noción difícil de comprender, se vale de la alegoría platónica del sol: el Bien es un sol que está al final de una larga búsqueda y, a causa de su lastimoso resplandor, no se le puede mirar de frente a menos que quien mira sea una persona auténticamente buena que ha llegado a ese grado pleno de moralidad por la vía del arte.

Nacida en Dublín (Irlanda) en el seno de una familia de granjeros presbiterianos, Jean Iris Murdoch es más conocida por su literatura que por su producción filosófica (ésta última muy por debajo de aquella en número). Durante su educación en Oxford tuvo como maestro a Ludwig Wittgenstein. Y alguna influencia ejerció en ella, a pesar de que los temas en torno a los cuales giró su interés fueron los relacionados con el existencialismo, la moral, el romanticismo y la mística, mismos que proyectaría en sus novelas y ensayos. Su obra de ficción le mereció diversas distinciones; entre ellas, el Premio Booker. Pero también la llevó a involucrarse en un idilio tormentoso con Elias Canetti, Premio Nobel de Literatura. Los últimos años padeció los embates del Alzheimer, que acabó con su vida el 8 de febrero de 1999, a sus 79 años.


ANIMA VERBI:

Anima verbi

JUAN PABLO ROJAS TEXON


En la tradición cristiana un “demonio” (en griego, daimónion, ‘divinidad’, ‘espíritu’, ‘hado’; de daímōn, ‘suerte [buena o mala]’; de daíō, ‘dividir’) es un espíritu impuro al servicio de las fuerzas del mal. Originalmente el nombre no tenía connotaciones negativas; aludía más bien a un “poder divino” que brindaba un saber a la persona mediante el cual ésta podía dirigir su comportamiento. En la actualidad se desconocen las causas que determinaron el sentido teológico del término; quizás se deba a que la acción de “dividir”, presente en su raíz etimológica, hace referencia a la voz seductora de un hado funesto que intenta a toda costa separar al hombre del plan de Dios. Así, un demonio es una entidad inmunda, esclavo de la oscuridad, que en su vagar por el mundo en busca de descanso incendia cuanto halla a su paso.



FRASE DE LA SEMANA: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis” Sor Juana Inés de la Cruz

Seminario Arquidiocesano de Xalapa

"San Rafael Guízar Valencia"

Curso Introductorio, Filosofía y Teología

Prol. Boulevard Diamante No. 360

Col. Pedreguera, Molinos de san Roque

(U.H. FOVISSSTE) Xalapa, Ver.

Tel: 8 40 06 57

8 14 05 25

8 90 36 41

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